Marta López, Dietista Nutricionista ARA00232

No, no os habéis equivocado de blog. No, no me he vuelto loca (quizás lo estaba en su época). Si… yo también estuve en el lado oscuro, y os voy a contar mi historia.

Entendemos como “lado oscuro” todas aquellas empresas relacionadas con el ámbito de la nutrición que son capaces de engañar a las personas con tal de embolsarse unos cuantos (bastantes) euros a costa de la salud de la gente.

Si, hablo de vosotros, Herbalife y Naturhouse (afortunadamente no conocía más, si no probablemente hubiese caído). Pero empecemos la historia desde el principio…

Todo esto sucedió muchísimo tiempo antes de estudia la carrera de Nutrición Humana y Dietética, mucho antes de tener conciencia de lo que era una alimentación saludable y de su importancia a la hora de mantener unos buenos hábitos de vida, cuando las dietas de cajón no daban resultado y se estableció el boom de las comidas sustitutivas y los complementos alimenticios.

Mi historia

Era muy joven, prácticamente acababa de empezar la pubertad cuando mis hormonas tiroideas se revolucionaron hasta provocarme hipotiroidismo. Mi metabolismo cambió y empecé a subir de peso. No tuve que medicarme, por lo que las únicas y escasas recomendaciones que tenía eran que tenía que comer bien y hacer ejercicio físico. Os resulta familiar, ¿verdad?

Pues eso hacía, o al menos lo intentaba hacer, pero el problema no se solucionaba, sino que iba a más. Comía bien, hacía deporte y seguía aumentando de peso. Mis tiroides seguían alteradas, pero no lo suficiente como para medicarme. Por tanto, tenía que seguir comiendo bien y haciendo ejercicio físico. La pescadilla que se muerde la cola.

Al poco tiempo, alguien me invitó a un taller de belleza en el que nosotras mismas íbamos a hacernos una limpieza facial con productos totalmente naturales. Hasta aquí todo normal. Cuando llegamos al local, nos pasaron a una sala en la que había una mesa con varios puestos individuales equipados con productos sin identificar encima de unas toallas. Entró una chica bastante guapa y delgada, y nos guió para aplicarnos los productos. Por lo que recuerdo, se nos quedó la piel muy suave y con una agradable sensación de frescor.

Hasta bastante tiempo después no asocié que todo aquello era una pura estrategia de marketing. Lo que inicialmente era una simple limpieza facial, se convirtió en el inicio de mi historia.

Nada más terminar, la chica, la guapa y delgada, nos empezó a contar de dónde provenían todos estos productos naturales. No era una marca cualquiera, era una marca conocida mundialmente. Una marca “avalada” por médicos y científicos, una marca que había ayudado a millones de personas a conseguir sus objetivos. Esta marca era nada más y nada menos que Herbalife.

Primero fue herbalife

Empezó a sacar de la nada cientos de gráficas y estudios subrayados con colores acerca de lo buena y saludable que era la marca, y otros cuantos testimonios de personas que habían perdido decenas de kilos rápidamente y sin esfuerzo. Valía para todo el mundo, para mayores, para niños, para embarazadas, para deportistas, para mi hipotiroidismo… Nos lo vendió tan bien, que no dudé en probarlo y ver si realmente funcionaba. Y lo hacía. La primera semana ya había perdido más de dos kilos.

He de decir que en ese momento no conocía la importancia de la composición corporal, y que lo que menos hay que tener en cuenta a la hora de la pérdida de peso es el número de la báscula, por lo tanto estaba contenta, veía resultados. No sé si conocéis la marca, pero espero que si la conocéis, lo hagáis de lejos y sin acercaros mucho. No os imagináis de lo que son capaces.

Se trata de dietas totalmente restrictivas en la que las comidas principales eran sustituidas por batidos de varios sabores a elegir; también había barritas de cereales y un montón de suplementos nutricionales. No sabía donde me estaba metiendo, ni se me pasó por la cabeza leer el etiquetado, nunca lo había hecho; no estaba informada, me habían mal-informado.

¿Qué pasó?

Los primeros meses todo iba bien, estaba yendo por el camino que pensaba que era el correcto, el de ver disminuir el número de la báscula. Pero llegó un momento que todo cambió: mi peso se estancó, incluso empezaba a subir ligeramente.

Mi “asesora” me cambiaba unos productos por otros, me subía las dosis, me cambiaba las dietas, me bajaba las calorías… pero nada daba resultados.

Un día, decidí no seguir tomando los productos porque no estaba consiguiendo lo que quería, y volví a comer normal. Como os podréis imaginar, volví a coger los kilos que perdí y alguno más de regalo (el famoso efecto rebote), por lo que ya estaba como al principio.

No quisiera continuar la historia sin dejaros aquí reflejado un post de mi compañero Aitor Sánchez, Dietista-Nutricionista, que nos muestra a la perfección los problemas derivados de este tipo de empresas y nos abre los ojos en cuanto a la composición de estos productos.

Después fue naturhouse

Un par de años después, siguiendo mi alimentación habitual, decidí volver a ponerme en manos de supuestos profesionales para que me ayudaran a perder peso, ya que por mí misma no lo conseguía. En este caso, me dí de frente con Naturhouse, y por el hilo del post ya os imaginaréis como acabó la cosa.

La primera impresión que me dio es que eran productos bastante saludables, y que la dieta no era tan restrictiva como la que ya había practicado, pero de lo que no me daba cuenta era de que seguían siendo productos, y seguían siendo dietas restrictivas.

A parte de todos los complementos alimenticios que tenían para la pérdida de peso, la absorción de grasa, la circulación… tenían galletas, biscotes, mermeladas, y un largo etcétera, todo a precio de oro por supuesto, pero eso si, las consultas gratuitas. Es el claro ejemplo de que en este tipo de empresas no importa el trabajo del profesional sanitario que está al frente de la consulta, ni siquiera en muchos casos importa que lo sea.

Como en el caso anterior, las primeras semanas fueron fenomenal. Se notaba la pérdida de peso, y eso lo valorábamos en las consultas. Pero había algo diferente: la “coach” (porque de Dietista tenía lo que yo de monja de clausura) en ningún momento me dejaba ver los resultados que daba la báscula. Me pedía que al pesarme mirara al frente y no abajo, y que me calzara mientras ella revisaba los resultados. Pocas veces (por no decir ninguna) me enseñó mis porcentajes de masa grasa o de masa muscular, ni siquiera veíamos su evolución, únicamente nos centrábamos en el peso.

¿Y qué pasó?

Pero como el peso seguía bajando, yo seguía tomando todas mis pastillas, mis cápsulas, mis bebibles, mis sustitutivos… Y todo esto pasó factura. Y no sólo al bolsillo.

Llegó un momento en el que mi peso se estancó, y no sólo se estancó sino que empezó a aumentar. Por más productos que me tomaba, no conseguía remontar la pérdida de peso. Una de las soluciones que propone este método es la introducción de las “dietas de choque“. Una dieta de choque no era más que inflarte a un alimento específico durante todo día. De hecho aún tengo alguno de los papeles que me iban dando conforme pasaban las consultas. Así que os voy a ejemplificar cómo eran mis 2 o 3 días de choque a la semana.

En este caso, os voy a poner un ejemplo dulce (choque de la piña) y otro salado (choque del pescado):

Como podéis observar, esto ni es una dieta ni es nada. No os imagináis el hambre que se pasa con los choques, y lógicamente no vamos a estar pasando hambre toda nuestra vida para conseguir un peso «X». Ni pasando hambre toda la vida, ni toda la vida pagando por tener que tomar productos de dudosa calidad nutricional. Como veis, aparte de todas  las pastillas, cápsulas y sustitutivos, teníamos que incluir su fibra, sus mermeladas, sus infusiones…

Por lo que podréis deducir, poco tiempo más estuve en Naturhouse, fue una historia corta. Los resultados que vi eran resultados fantasma. Porque al poco tiempo de dejar la dieta y los productos volví a recuperar todo el peso perdido (efecto rebote). La verdad es que no fue una sorpresa para mí que no funcionara, pero aún seguía sin darme cuenta del todo de la importancia de una buena alimentación.

¿Cómo encontré la solución a mis problemas?

No me dí cuenta hasta unos años después cuando entré en la Universidad a estudiar Nutrición Humana y Dietética. Tanto los conocimientos que adquirí en la carrera, como todo aquello que leía por mi cuenta, me hacían acercarme cada vez más a lo que era la clave definitiva para perder peso y no recuperarloCOMER COMIDA REAL.

Aprendí a identificar los alimentos que son materias primas, a elegir aquellos mínimamente procesados, a tener una buena variedad alimentaria, a practicar ejercicio físico. Aprendí que lo fundamental para tener un buen estado tanto físico y salud, es tener unos buenos hábitos de vida.

Y esta es mi historia. Mi reflexión de hoy es que no os dejéis llevar por falsas promesas de resultados inmediatos y sin esfuerzo. Porque lo que no te cueste un esfuerzo ahora, te lo costará después (y no sólo económico). Y probablemente, el esfuerzo que tengamos que hacer va a ser de lo que menos nos tengamos que preocupar.

Ya que los profesionales sanitarios que más conocimientos tienen en cuanto a alimentación humana son los Dietistas-Nutricionistas, acude a cualquiera de nosotros cuando tengas cualquier problema o duda relacionada con la alimentación, podemos ayudarte y darte soluciones a largo plazo. Espero que la historia de hoy te haya hecho reflexionar. ¡¡¡Huye de esta gente!!!


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