Conforme pasan los años, nuestro cuerpo cambia y como consecuencia, nuestras necesidades nutricionales también lo hacen. Ya no tenemos los mismos reflejos que antes, ni la misma agilidad, ni la misma destreza para desarrollar las actividades cotidianas de la vida diaria. Incluso puede que padezcamos alguna enfermedad.

A estas edades, hay que tener en cuenta que van a haber muchos factores que van a determinar nuestra calidad de vida. Y entre ellos se encuentran la alimentación (de vital importancia) y el estilo de vida. Es primordial mantener unos hábitos saludables y adaptar la alimentación a la situación fisiológica en la que nos encontremos, teniendo en cuenta la presencia o ausencia de enfermedad.

Nunca es tarde para cambiar de hábitos, y mucho menos si lo único que nos van a repercutir van a ser beneficios al hacerlo. No porque se haya hecho «de toda la vida», es bueno. ¿Quieres más información?